Ha sido la pregunta que muchas
personas me han hecho a través de los meses, a dos años de distancia.
La respuesta –como siempre lo he manifestado–
no es sencilla. Y hasta ahora, había decidido mantener silencio con respecto al
tema.
Decidí abandonar el contexto
laboral que consideré mi familia a lo
largo de quince años. Una institución educativa que siempre califiqué de alto
nivel, fundamentada en valores, y que fungió como un pilar esencial en mi vida, no sólo porque gracias a ella obtuve mi
constancia de Educación de Bachillerato
y mi pasión por la Enseñanza, sino
porque mi padre fue elemento activo en ella, y recibiendo clases directas de
él, como catedrático, me enseñó el
valor mismo de la Educación, y el
compromiso que, como estudiante, tienes de ti
mismo, como futuro miembro activo de la Sociedad.
Siendo miembro fundador del
programa educativo en donde laboré, conector para la gestoría de encuentros
arquitectónicos a nivel nacional, haber ganado un concurso de Diseño Arquitectónico y Urbano a nivel
Estatal, representado a la institución a nivel nacional en procesos de Evaluación terminal, rediseñado el programa educativo de Arquitectura, coordinado de manera adjunta el programa, haber sido
miembro y parte de una mesa directiva dentro
del Colegio de Arquitectos de Hidalgo,
y otros logros menores, llegas a entregar tu Vida y sentirte parte de una
familia, con la que compartes lo que eres, en calidad espacial y temporal.
Como todo en la Existencia humana, el Mundo evoluciona.
No pude aceptar seguir la
dirección a donde dicha Evolución, me llevaba.
Un sitio que cada año, cada
momento, me obligaba a deshacerme de aquellos principios humanos que la vida me
fue legando paulatinamente, en aras de concentrarse exclusivamente en `aquello
que te corresponde hacer, sin que hagas más, porque no es tu papel hacerlo´.
Como arquitecto, aprendí a ser
más de lo que el proyecto me exigía. No me refiero únicamente a la parte constructiva, sino a lo más importante: ser humano. Entender las situaciones,
las pautas de diseño desde el origen,
desde los cimientos humanos que les otorgaron sentido (o falta de él) o Vida.
Siempre consideré que la Teoría de la
Arquitectura era mucho más que comprender el contexto de las obras
arquitectónicas, al grado de enseñar las pautas
de diseño a través de la Música y
el entorno humano circundante y definitorio en él. Mis herramientas didácticas
siempre fueron más allá de lo meramente técnico,
en busca de profundizar sobre pautas actitudinales,
reflexivas, de expresión, y de comunicación
humana. En ese sentido, siempre fueron radicales.
Fue en este paso donde todo
falló. Las discusiones, las diferencias, las críticas, por entregar más de lo
que se solicitaba. Un programa educativo diseñado en soledad, por comodidad de
los participantes, porque `confiamos en él´, o porque `si puede hacerlo, que lo
haga, no nos importa, porque no tenemos tiempo de hacerlo nosotros´. Ahora
siendo criticado y despedazado y considerado mal en su concepción.
Las actitudes sociales dentro de
la institución y el programa que vi nacer, mutando lentamente, donde las
actitudes de cercanía e interacción humana paulatinamente desaparecían, dando
cabida a la excelencia a través del cumplimiento de los parámetros y estándares
fríos y deshumanizados. Y qué decir de los intereses personales de unos pocos. Coeficientes de permanencia, índices de reprobación y coeficientes de egreso, fueron números
que desplazaron poco a poco las charlas, las opiniones conjuntas y los
esfuerzos personales conjuntos por profundizar y apoyar en las cuestiones
humanas que fungen de origen y pautas en las mediciones numéricas, y que son la
base conceptual del trabajo de diseño arquitectónico. Sólo escuché por
todas partes: `no te cuestiones por qué los usuarios repiten las acciones,
limítate a cumplir las necesidades, diseñando los espacios. No es tu trabajo cuestionar el origen, sólo resolver el
problema´. ¿Alcanzan a verlo? Se hace nada por anticiparse y abordar el
conflicto antes de que éste siquiera exista.
No pude continuar observando cómo lo técnico asesinó a lo
humano.
Las críticas, las palabras y las
opiniones abiertas sobre mi trabajo, ahora visto como ineficiente y pésimo, mientras actitudes de estandarización sentaban las bases de plataformas de mediocridad y
estrategias repetitivas de enseñanza y aprendizaje, sin alma, sin verdadero
contenido humano y reflexivo y de evaluación.
Y la calidad decadente de las clases dentro de
las aulas, en actitudes y en medios y herramientas de enseñanza de contenidos.
Repetición infinita, cantidades
exorbitantes, especificaciones ininteligibles, ante todo.
No pude soportar ser parte de una
educación que, al recibirla dentro de mi propia formación profesional, juré
transformar para bienestar de los seres humanos que la recibirían, y de quienes
–incluso– serían benefactores de ella, al recibir servicios profesionales
de seres humanos aptos, pero
sobretodo, conscientes. Sereno me
muestro con mi tutora de tesis de Maestría, porque hasta el último día de mi
actividad arquitectónica académica y profesional, satisfice su sentencia de `posees una gran responsabilidad en tus
manos, de buscar y luchar siempre por el Bienestar y Desarrollo de la Educación
en la Arquitectura´.
Cumplí cabalmente.
Y renunciar, fue seguir
cumpliendo, por no ser capaz de fallar por omisión obligada de las
circunstancias.
Y más importante: no pude mirar cómo se asesina a la Creatividad, que no es otra cosa, sino sinónimo de Calidad Humana.
La Arquitectura es más que diseño
y construcción. Para mí, la Vida me ha legado la enseñanza de que la
Arquitectura es una comprensión profunda
del Cosmos, no desde el punto de vista tectónico,
sino, humano.
Me queda claro que no alcanzaré
los destinos que otros alcanzarán, porque no cuento con el Tiempo suficiente para hacerlo. Ni tampoco el interés. Sin embargo,
el punto en el que me encuentro ahora, me ha legado aprendizaje, me ha hecho
saber que cada uno de nosotros habita el
Espacio del que necesita aprender
personales lecciones, aprendizaje esencial para su avance individual, acorde a
sus propios recursos y circunstancias. Lo aprendido en el sitio y tiempo donde
me encuentro ahora, ha representado una oportunidad de comprensión infinita. Cada
quien decide dónde y por cuánto tiempo permanecer habitando un
espacio.
Aplica en la permanencia en la propia Vida.
Aplica en la permanencia en la propia Vida.
Yo me considero no conformista.
Así como un arquitecto debe
conocer primero su propio Espacio
personal antes de atreverse a diseñarlo para otras personas, un ser humano,
antes de buscar y sentirse parte de una familia, requiere integrarse
primeramente al Cosmos de una manera holística y sumamente profunda, encontrar
su ubicación, papel y misión dentro del Universo,
para, posteriormente, decidir qué tipo de familia desea, se integre a su vida.
La Arquitectura me enseñó que su
esencia va mucho más allá de nuestro propio raciocinio.
Podremos estudiar su
licenciatura, maestría, o doctorarnos, o ganar décadas de experiencia y
especialización en diversos rubros, o consolidarte en actividad de enseñanza
por toda una vida. Moriremos sin siquiera comprender su Verdad, porque no nos
interesa comprender las verdades que representamos como seres humanos, y como Humanidad. Después de todo, la Arquitectura
es la construcción del reflejo espiritual del Ser humano.
Cada quien construye aquello que no desea que muera, pero toda Vida, se
requiere que llegue a la Muerte. La Eternidad es Arrogancia, y la Vida, al no librarse
de dicha emoción, es un sufrimiento y calvario, perpetuo y ruin.
Escucho:
Steppin´ out | Joe Jackson
Automatic | Amy Macdonald
Freedom | Wham!
Games people play | The Alan Parsons Project