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sábado, 7 de abril de 2018

Arquitectura y profundidad humana

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La Arquitectura siempre ha sido y será una parte esencial en mi vida, que dirige mis pasos, y alimenta a mi espíritu.
Ella me enseñó a observar, a experimentar, a habitar absolutamente cada instante que he vivido. Llamo habitar a la acción de vivir desde mi lado humano, cada sitio, cada momento, cada circunstancia o cada persona que se haya cruzado en mi camino.
Llega una etapa en tu línea de Vida, donde añoras la Soledad y el Silencio, quizá por el excesivo ruido que existe fuera, y valoras a la Arquitectura como una joya, ya no vista como un producto exclusivo y obligado de tu imaginación creadora, sino como una maestra de Vida, como una consecuencia humana que tiene mucho que enseñarte. Las obras guardan valor, no por quienes fueron diseñadas, más bien por la calidad humana que permiten que se geste dentro o en las inmediaciones de ellas.

Las obras arquitectónicas guardan vibraciones energéticas, vivencias y lecciones que el Hombre expresa y recibe al mismo tiempo, en un incesante proceso de evolución creativa y espiritual.

He tenido la grata fortuna de conocer, recorrer y habitar espacios arquitectónicos y urbanos que han trastocado mi ser entero. Hace mucho que desistí de la necedad de creerme merecedor de diseñar y construir espacios que puedan transformar la vida de las personas, altanería que sólo alimenta falsamente a un ego desenfrenado. Prefiero laborar con los seres humanos, aprender de ellos, guiarlos en la comprensión de las variables que sirven de piezas para diseñar y construir sus propias vidas. Sus espíritus enseñan a mi espíritu, la Verdad sobre la Vida.

Así las cosas. Los textos escritos, retoman la esencia de la Arquitectura de la Antigüedad de mi país. La metodología utilizada como terapeuta alternativo, rescata el proceso metodológico desarrollado a lo largo del diseño arquitectónico. Las imágenes y proyectos visuales, tienen siempre a la Arquitectura de fondo y contenido.

Ser arquitecto no es sólo diseñar y construir. Dedico sin pudor estas palabras a las mentes estúpidas que me atacaron con premisas, expresando lo contrario. A diferencia de ustedes, he comprendido que ser arquitecto es una actitud natural e innata, no un carácter forzado y aprendido, donde sólo inflan el ego que creen que los define, con títulos y reconocimientos, que los alejan de su verdadera calidad como seres humanos.

Ser arquitecto no es una definición o un concepto, no es cumplir una serie de requisitos académicos o técnicos, que, finalmente, no te dictan cómo satisfacer las necesidades espirituales más profundas de las personas a quienes sirves.

La Arquitectura también existe para transformar nuestras vidas e inspirarlas, en lugar de creer que sólo existimos para diseñar y materializar espacios. Quien crea que ser arquitecto sólo es la construcción, o acciones aledañas, ha fracasado como ser humano.

Texto inspirado por la fotografía de Chichén Itzá, de Adampol Galindo, compartida en esta nota.

Escucho:
Gift of flesh | Def Leppard
The tired and the hurt | Moby

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