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viernes, 25 de noviembre de 2011

Parámetros dignos de valorarse


`Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos´.
Mahatma Gandhi
   

Agradezco al grupo de Teoría de la Arquitectura I por las experiencias magníficas de este semestre. Ustedes, con su pasión, dedicación y entrega, consolidaron los procesos de enseñanza/aprendizaje diseñados para ustedes y puestos en marcha con éxito.
Agradecimiento especial a Moisés Alcántara y a Juan Carlos León, por compartir los pormenores de sus procesos de diseño y probar que los esquemas aplicados son válidos y merecen considerarse.
La dinámica de interacción permitió aplicar todos y cada uno de los principios didácticos/académicos/profesionales vertidos en el plan de estudios, diseñado años atrás, demostrando que nuestros actuales cánones y procesos didácticos requieren una profunda metamorfosis para adaptarse a las nuevas necesidades de enseñanza que imperan hoy en día.
Con tristeza miro que los procesos de enseñanza/aprendizaje -en el área de Arquitectura- se encuentran atrasados en sobremanera. Aún continuamos enseñando y aprendiendo sistemas y parámetros de la década de los setenta, lo que impide que potencialicemos las capacidades de los estudiantes, y de nosotros, como arquitectos, profesionistas y seres humanos.

Desde años atrás he emprendido una lucha por modificar nuestras visiones en los procesos de diseño, para retroalimentar y renovar la manera de comprender el proceso de enseñanza/aprendizaje, tanto en las aulas, como fuera de ellas.

El proceso seguido desde semestres anteriores es la aplicación directa y total del conocimiento aprendido, lo que se refleja en acciones y actividades definidas para tal fin. Algunas de las ventajas inmediatas de este sistema son la comprensión y mejora en los procesos de diseño del estudiante; la interacción de la parte humana [social/académica] entre los miembros del sistema, permitiendo un crecimiento y desarrollo individual que se traduce en seguridad y responsabilidad profesional; el logro de la independencia académica y la consciencia del propio estudiante en aquellos elementos y aspectos que requieren atención de su parte; la ampliación de la visión profesional, puesto que se pone al estudiante frente a escenarios reales, que le hacen contemplar y comprender la realidad profesional desde su propia perspectiva.
Desde el principio, el estudiante conoce su situación y desarrollo dentro del proceso de valoración académica. Se generan -por asignatura-, en materias como Taller de Diseño, por ejemplo, un aproximado de sesenta calificaciones de índole numérica. En el resto de las asignaturas, el número varía entre quince y cuarenta, respondiendo a valoraciones en tres tipos: habilidades cognitivas, capacidades de aplicación de conocimiento y actitud/modalidades de respuesta frente al tema o temas aprendidos. Esto, desde luego, exige atención y mayor inversión de habilidades del catedrático dentro del proceso.
Se puede compartir -por ejemplo- la experiencia de haber contado con un grupo de cerca de cincuenta estudiantes, del cual el índice de reprobación fue inferior al nueve por ciento. Esto, desde luego [el número de alumnos por grupo] no es lo óptimo ni adecuado, acorde a los objetivos establecidos originalmente.
El sistema utilizado se basa en el desarrollo/progreso, más que en el producto final. Finalmente, si el proceso es bueno, el producto final es consolidado con éxito.

Desgraciadamente, este sistema académico no ha sido aceptado del todo por la plantilla académica a mi costado, más sí por el estudiante. Las ventajas inmediatas dentro del proceso interior al instituto es la elevación de los índices de acreditación de las asignaturas de una forma considerable, y la búsqueda de ambientes y actividades profesionales supervisadas, donde el estudiante pueda desarrollarse con cierta libertad, siempre dentro de parámetros establecidos.

La mentalidad en la evaluación hoy por hoy se basa en el aspecto cuantitativo [materiales de entrega finales en los procesos terminales de cada periodo académico], lo que valora sólo la habilidad de respuesta inmediata y resistencia del estudiante frente a la presión profesional, reflejada en la cantidad de trabajos manuales solicitados, pero que deja completamente de lado el aspecto prospectivo y la valoración del desarrollo/progreso de dicho trabajo a lo largo del periodo evaluado.
Además, con el sistema que se emplea actualmente, no se ataca la necesidad de despertar y desarrollar en el estudiante habilidades de investigación, o peor aún, aplicación del conocimiento. El sistema se basa exclusivamente en la obtención del conocimiento, pero jamás en su aplicación en la vida personal profesional del estudiante, lo que lleva a la sensación final de no aprender cosas, situaciones, circunstancias que puedan aplicarse en la vida real, cuando éste sea al objetivo que se busca arduamente.
En otras palabras, enseñamos al estudiante a ser como creemos que nuestra profesión es, cuando ésta se ha transformado y, por ende, transformado de igual manera la gama de herramientas y procesos para su comprensión y análisis.

El primer paso es, a mi manera de ver las cosas, abrirnos al cambio, y abandonar el proceso de enseñanza/aprendizaje obsoleto, para actualizarnos como instituciones educativas de vanguardia.


Fotografía: cortesía de Jorge Ángeles Canul

Escucho: The imploding voice / The Smashing Pumpkins

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