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sábado, 5 de abril de 2014

Arquitectura, Educación y divagaciones

Hace unos días, Jesús Grajales compartió conmigo una nota digital en torno a la educación aplicada a la Arquitectura.
A varios años de haber sido coordinador de un proceso de rediseño de un plan de estudios dentro de un programa educativo centrado en Arquitectura, puedo compartir mi experiencia, y decir que me familiarizo con varios de los puntos expresados en el texto.
El plan rediseñado no ha entrado aún en vigor, pero desde que lo finalicé, y aún, un par de años antes de la conclusión de dicho plan, me impuse la tarea de aplicar los principios y directrices que lo conformaron, en los grupos, y con los estudiantes a mi cargo.
En primer lugar, considero indispensable el planteamiento de una herramienta de evaluación de los aspirantes a esta carrera. Los años de experiencia me han dictado que las universidades cometen un serio error al permitir que los exámenes escritos que sólo valoran simple acumulación de conocimiento sean las herramientas que decidan la vocación de los futuros estudiantes de Arquitectura.
A último minuto, tristemente, las autoridades institucionales, responsables de la aplicación directa del plan sobre el que trabajamos, decidieron eliminar la estrategia de evaluación de las capacidades, habilidades, y aptitudes de los aspirantes, en pos de mantener una matrícula de ingreso ancha y constante. Adiós a un propedéutico de evaluación diagnóstica.
En realidad imagino las instituciones educativas en general menosprecian esta estrategia, y consideran una pérdida de dinero y recursos, a la elección minuciosa de sus futuros estudiantes.
Deplorable, pero cierto.

El apartado de la especialización, tampoco es bien recibido por los catedráticos de los diversos programas educativos. Ellos lo miran dentro de una peligrosa perspectiva que pone en riesgo su estabilidad profesional, y que les obliga a mantener constantes procesos de actualización y concentración de actividades académicas y profesionales, en torno a una meta y disciplina o tópico específico. Tristemente, la mediocridad es el pan de cada día, y en muchos de los casosde cada uno de los espacios que conforman nuestras aulas de clases.
El tema de la Arquitectura virtual es delicado. Yo soy aún de los que defiende la perspectiva del dibujo a mano, no por lo romántico de la idea, sino porque en verdad, los arquitectos que se desenvuelven en ambientes virtuales, pierden por completo el aspecto técnico, constructivo y humano, dentro del proceso de diseño. En el último congreso de Arquitectura visitado, con frustración fui testigo de las presentaciones de arquitectos de renombre, integradas en un ciento por ciento de increíbles [e imposibles] panorámicas espaciales virtuales, que nada tenían que ver con la cultura y el paisaje natural o artificial del contexto circundante. Se vende sin embargo la idea del `render´ como el futuro asegurado de un arquitecto de éxito.
Es tan simple: al final, el trabajo a mano, fuerza a la mente a mover extremidades de nuestro cuerpo, en oscilaciones armónicas, que desdibujan por medio de nuestro ser entero, aquellas ideas que se conciben en lo más profundo de nuestro pensamiento, y de las que nos apropiamos a través del proceso de verlas traducidas cinéticamente por medio del movimiento del lápiz, o cualquier aditamento físico de dibujo y boceto. Así trabaja la mente de un arquitecto. Movimiento es vida, y la manera de apropiarse de ella es mediante el movimiento y la reinterpretación, perpetuos.
Las nuevas estrategias didácticas considero deben centrarse en el proceso de reinterpretación cognitiva del estudiante, dentro y fuera de su propio proceso de diseño. En realidad, más de la mitad [y me quedo corto con esta imprecisa cifra] de las universidades, lejos de formar arquitectos de excelencia, sólo consiguen crear mediocres aspirantes a arquitectos, incapaces de reinterpretarse, reinventarse, e incluirse en las circunstancias reales de los contextos donde habitan, y con quienes interactúan a diario.

El último punto que trato es la inclusión dentro de los planes de estudio de programas de tutorías, de salidas académicas dirigidas, y de acercamientos verdaderos a ambientes con necesidades sociales insatisfechas. Sobra decir que los catedráticos no tienen tiempo, deseos, o intenciones de compartir `nada´ con el estudiante, y más si hablamos de aspectos humanos que atañen a nuestras vidas privadas y personales. Cientos de estudiantes requieren ser guiados en dos vertientes: cómo enfrentar los retos profesionales, además de comprender y saber cómo orientar sus circunstancias individuales, en pos de objetivos personales y profesionales. Simples conflictos familiares, psicológicos, o aspectos triviales, logran destruir el futuro de miles de aspirantes a arquitectos.
Me atrevo a declarar que conocimientos de auto valoración y auto evaluación, además de aspectos de superación personal como la Metafísica y el colapso cuántico serán indispensables dentro de los programas educativos en general, durante los años venideros.
Si el futuro arquitecto no resuelve tres tiempos en este estricto orden: su propio yo, el ambiente que le rodea, y las mentalidades sociales que demandan sus servicios, está destinado al fracaso.
Lo más triste es que hemos estado destinados al fracaso desde hace varias décadas.
Una panorámica cruda, pero cierta.

Texto inspirado por nota publicada en la siguiente liga:
http://www.portavoz.tv/2013/08/26/la-formacion-del-arquitecto-en-mexico-en-el-siglo-xxi/

Escucho:
Shenzou / Steven Price

Gracias a Jesús Grajales por compartir la nota, y hacerme escribir, de manera sutil, mi opinión al respecto.

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