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jueves, 3 de marzo de 2011

Rey de la desolación urbana

Las ciudades crecen, cambian, se transforman, al igual que cualquiera de nosotros.

Su fisionomía, su conducta, e -inclusive- sus emociones son distintas al paso de los años.

Sé que alimentaré la controversia al confesar que no gusto de visitar el centro de mi ciudad, ese espacio antiguo que dio pie a la zona urbana que hoy vivo y dentro de la cual me he desarrollado en los últimos treinta años.

No me malinterpreten, por favor. Amo profundamente [y respeto -debo decir-] su arquitectura remota y ecléctica, y he escrito -inclusive- historias hermosas inspiradas en ella, y en el origen de mi querida ciudad.

¿Será acaso que me encuentro demasiado inmerso dentro de la corriente del espacio digital?

Ahora radico lejos de la zona antigua. Quizá la única razón es que no encuentro razones de peso para mantener contacto con ese sitio. Hoy que lo he transitado tras más de dos años de distancia y abstinencia, reconozco que no soy afecto a él…

Es problemático, lejano, incluso peligroso.

Entrar en él es como adentrarse en un mundo distinto, donde la realidad sufre una metamorfosis que no soy capaz de explicar con exactitud. Visitar el Reloj Monumental y la zona peatonal es una experiencia que no haya más cabida en la actual existencia. No me refiero como experiencia arquitectónica, sino más como humana.

Quizá el sitio ha perdido su esencia original.

Quizá el centro no es ya lo que expresa lo que la ciudad misma es en este preciso instante.

Tal vez este habitante iluso e inculto no sabe valorar el espacio que ha permanecido en el tiempo y en el espacio.

Considero que debemos encontrar nuevas maneras de vivir, de amar, y de hacer nuestra a la ciudad en la que vivimos.

Quizá el espacio virtual lentamente va asesinando esta hermosa experiencia corporal que nos acerca a la sensibilidad humana de abrazar y sentirse cerca de ese cuerpo que nos brinda calor en los momentos en que la Soledad lo ha inundado todo…

Irónicamente, mientras escribo esta nota, escucho los acordes de un proyecto creativo controversial en sí mismo.

La calidad humana lograda a través de la victoria de lo electrónico, sobre el ambiente humano convencional.

Escucho: Separator / Radiohead

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